Que Cristina quiere seguir, nadie lo niega. Que Macri quiere ser, tampoco. Algunos podrían pensar que eso es lo mejor que le puede pasar a la sociedad. Los dos, debieran competir para hacerse con la simpatía pública y trabajar por sus proyectos de futuro.
Nada más lejos de eso. Han elegido otro camino. El de la chicana, la confrontación y la especulación. La especulación de la que se queda sin plata, tiene que ajustar y de paso tirarle tierra al otro. Y la especulación del miedo. El miedo del que administra sin pasar sobresaltos pero sin transformar nada y le escapa a cuanta responsabilidad le pasa cerca.
La pelea de Cristina y Macri es de cuento. Una, Presidente de la Nación ; el otro, Jefe de Gobierno de su ciudad capital. No se hablan, no se reúnen y muestran falencias que los unen.
La tragedia de Once les pegó con distinta intensidad a los dos. Más fuerte a la presidenta, 51 muertos, descontrol, desinversión, Estado ausente y cómplice.
Pero también al alcalde. Una calle cortada hace 7 años dificultó el traslado de heridos, las unidades de emergencias de la Ciudad se olvidaron de revisar bien y se les quedó un muerto entre las chapas. Claro que pese a ello, horas antes y con el muerto todavía en el tren daban notas para explicar el éxito del operativo.
Especulan pero no son estúpidos. Con el ejemplo de los trenes nadie quiere saber nada con los subtes. Macri ante la duda mandó un tarifazo, subió el boleto y los devolvió. Cristina hizo lo propio. Se deshizo de un potencial peligro, volvió sobre promesas de la gestión de Néstor Kirchner y le tiró el subte por la cabeza a Macri, claro que se olvidó de pasarle los fondos que, como la Constitución establece, deben acompañar al servicio.
Nada más menemista y noventista que esa actitud. Aquella vez fueron la educación y la salud. El Estado Nacional se las sacó de encima, se las tiró a los gobernadores y las víctimas previsiblemente fueron: la calidad educativa y sanitaria, las finanzas provinciales y claro, la sociedad toda.
Ahora, casi veinte años después, los herederos de Menem encontraron un nuevo ámbito de batalla. Se olvidaron de las cámaras, de las conferencias de prensa sin preguntas, y las actas y jueces de por medio.
Se acordaron del Congreso. Claro que para constituirlo en actor de reparto de una pelea de individualidades, no de proyectos de país ¿Allí discutirán criterios para distribuir recursos? No ¿Se pondrá a consideración de los legisladores un plan nacional de transporte? No ¿Se debatirán proyectos de obras públicas estratégicas? Tampoco, la idea no es esa, la idea es tirarle los subtes a Macri pero con la ley de por medio.
Claro que Macri también lo disfruta. Durán Barba le ha dicho clarito que polarice con Cristina, que avance victimizándose y rapiñe por donde pueda. Que haga la plancha. Y esto le viene diez puntos.
Pocas cosas quedan claras sobre el tema del subte, nadie sabe cómo terminará y quien ganará en la guerrita de encuestas. Una sola cosa es evidente, ni el populismo en vías de agotamiento del kirchnerismo, ni el conservadurismo inútil y miedoso de Macri, llevarán al país al futuro. Con ellos seguiremos discutiendo trivialidades e individualidades, con el agregado, cada tanto, del chauvinismo malvinero.
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