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jueves, 23 de febrero de 2012

La Mano Mala

Hace unos meses, Saladix sacó una publicidad con el nombre de "La Mano Mala". Más allá de los objetivos comerciales de la misma, mostraban a un chico con un problema existencial: tenía una mano que no respondía a sus deseos y que hacía cosas malas contra su voluntad.

El problema que planteaba el chico, que cuando habla parece muy bueno, es que tiene una suerte de "doble comando", dice cosas buenas y hace cosas malas. Hoy, el gobierno nacional estructuró lo que va a ser su postura ante la tragedia de Once con el mismo sustento.

Ayer el Secretario de Transporte fue el encargado de dar la cara. Con bastante mala fortuna -o descaro-, dio a entender que las consecuencias del accidente tenían mucho de casualidad, tal vez buscando esconder las causalidades.

Causalidades que pican cerca: responsabilidades incumplidas en el control de los servicios, las inversiones que debía hacer la empresa y el estado de los trenes. Causalidades que fueron señaladas hace más de 3 años por la Auditoría General de la Nación y que fueron desestimadas por el Estado.

Hoy, el mismo funcionario, secundado por De Vido, anunció que el Estado se presentará como querellante. Sí, escuchó bien. El responsable del descontrol, vinculado a Cirigliano (concesionario de TBA y aportante de las campañas de Cristina Kirchner), y que durante los últimos 8 años fue partícipe necesario del decadente funcionamiento de los trenes se considera damnificado.

Ese gobierno, el mismo que adultera estadísticas oficiales, se saca fotos con los ejecutivos de la Barrick, veta la ley de Glaciares y el 82% móvil, quiere ser querellante en una causa donde debiera dar explicaciones como responsable.

Ayer, la mano mala quedó expuesta, tal vez demasiado. Hoy, la lengua buena quiso tomar la iniciativa y quien dice, en unos días quiera cortarse la mano para salvar su cuerpo. Como bien dijo alguien hace un tiempo, a este gobierno no hay que juzgarlo escuchando sus palabras, sino mirándole las manos.

miércoles, 22 de febrero de 2012

Resultó al revés, cada vez más parecidos.

Cada vez más coincidencias. Cuando el relato se aleja a ritmo acelerado de lo que pasa, aparece la realidad. Y ahí, cada vez se parecen más.

Hace un par de días salió a la luz la utilización de una fuerza de seguridad nacional, la Gendarmería, para espiar y escuchar a dirigentes políticos y sociales opositores http://www.clarin.com/politica/Proyecto-informaba-personales-analisis-politicos_0_650934947.html. Para esa fecha, días más o días menos, aparece una denuncia concreta que vincula al vicepresidente a una empresa que licita la impresión de billetes de 100 pesos y que lo compromete en su calidad de funcionario público http://www.lanacion.com.ar/1449928-boudou-mas-ligado-a-ciccone. Hoy, temprano a la mañana, la tragedia del Sarmiento. Trenes concesionados por el Estado Nacional en los `90, cuyo funcionamiento, inversiones y calidad del servicio debe ser controlado por el Estado Nacional http://www.pagina12.com.ar/diario/ultimas/20-188121-2012-02-22.html. Los tres hechos, para variar, fueron irrelevantes o directamente ignorados en la programación de la TV Pública.

Repasemos, utilización de la Gendarmería (dependiente del Ministerio de Seguridad), para quebrantar libertades civiles de reunión, expresión y la privacidad. Todos derechos amparados por la Constitución. Denuncia por corrupción, o al menos tráfico de influencias, que salpica no a un funcionario de segunda línea, sino al primero en la línea de sucesión presidencial. Un accidente, vinculado, a priori, al abandono de los servicios públicos.

Los tres casos afectan las libertades de los más desfavorecidos. Los tres hechos distribuyen al revés.

Cuando el que tiene el poder lo utiliza para condicionar al que no lo tiene, amplia la brecha en materia de participación política. Cuando el que tiene el poder lo utiliza para, con información privilegiada, acceder a negocios privados, amplia la brecha en materia de igualdad de oportunidades. Cuando la ausencia del Estado se manifiesta en abandono de los servicios públicos,  el perjudicado es aquel que no tiene opción, y ante la necesidad de movilizarse, educarse y sanarse requiere un buen funcionamiento de estos servicios.

Si hacemos un repaso de la historia cercana, y nos preguntamos por un gobierno que haya utilizado el Estado de todos como un bien personal, un gobierno caracterizado por hechos de corrupción, y que a su vez haya abandonado los servicios públicos, automáticamente, sin dudas y con certeza, señalamos al menemismo.

Tal vez, los hechos nos demuestren que en el tercer gobierno el discurso nacional y popular se resquebraja, se vuelve inconsistente. Cuando el telón de las cadenas oficiales cae, hay una realidad incontrastable más allá de que no la muestre Canal 7, le dicen sintonía fina, es eso que como con el menemismo pega más fuerte en los que menos tienen.