Mientras Argentina mira para otro
lado y nos enfrascamos en opiniones y debates sobre el corto plazo, hay un
mundo que se diseña a largo aliento. La iniciativa de los países nucleados en
el “BRICS” de crear nuevas instituciones financieras de orden global, señalan
un espacio y un camino que no le deberían ser ajenos a nuestro país.
“BRICS” hace referencia a Brasil,
Rusia, India, China y Sudáfrica, y componen un acuerdo desestructurado con
cumbres presidenciales anuales desde el año 2009. Estos cinco países, son
considerados los poderes emergentes más relevantes del orbe.
Juntos, concentran más del 40% de la
población de todo el mundo, producen el 21% del PBI de todo el planeta y dan
origen al 20% de la inversión extranjera directa mundial. Además, han
multiplicado el comercio entre sí más de diez veces en la última década.
Desde la caída de la Unión Soviética
a principios de los años `90, el mundo se está reconfigurando. Si la imagen político- estratégica de la
caída del viejo orden de Guerra Fría fue la disolución de la Unión Soviética;
el atentado a las Torres Gemelas y la profunda crisis económica que
experimentan los países desarrollados desde 2008, representan el fracaso de
occidente, encabezado por Estados Unidos, en el intento de imponer su propio
modelo en el mundo.
Hoy, ningún país es suficientemente
poderoso como para imponer su agenda, decisiones e ideas. En ese marco, con una
multiplicidad de países de mediano poder, el evidente surgimiento de países en
vías de desarrollo, con alto crecimiento económico, concentración de recursos
naturales y numerosa población, cobra relevancia la asociación de ellos en el
marco del BRICS.
Hace semanas, en una cumbre
presidencial desarrollada en Sudáfrica, este grupo de países dio a conocer su
intención de crear nuevas instituciones financieras que reemplacen al FMI y el
Banco Mundial. En otras oportunidades Brasil, India y Sudáfrica han bregado por
la reforma del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, donde Estados Unidos,
Reino Unido, Francia además de China y Rusia tienen participación permanente y
derecho a veto luego de su creación tras la Segunda Guerra.
Si bien todavía muestran
dificultades de coordinación, expresan culturas políticas diversas y no cuentan
con una estructura permanente, en los BRICS se concentra un polo de poder
mundial de relevancia. Ese parece ser el espacio donde mejor podría insertarse
Argentina. Tenemos con estos países un importante comercio potencial, son
economías complementarias a la nuestra y mercados de enormes magnitudes.
El mundo nos da una nueva
oportunidad. Países como Argentina están llamados a protagonizar un nuevo orden
más horizontal, donde los recursos naturales tengan un rol primordial. En este
sentido, cobra aún mayor relevancia dar previsibilidad y mostrar disposición y
capacidad para abordar cuestiones financieras, comerciales, energéticas y
ambientales en la región y en el mundo emergente.
Aprovechar la oportunidad no
dependerá de lo que hagan los BRICS, sino de Argentina. De una estrategia coherente
de inserción en el mundo, donde el comercio y el sistema financiero sean
explotados como oportunidades y Latinoamérica sea algo más que una herramienta
discursiva para ser una red integrada en materia energética y productiva.
En el mundo hay nuevos vientos y
nuevas oportunidades, aprovecharlos dependerá de que Argentina defina dónde
quiere ir. Como dijo Séneca hace dos mil años: “No hay vientos favorables para
el que no sabe dónde va.”
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